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lunes, febrero 22, 2010

La realidad circundante

Daniel Arella (Caracas, 1988). Poeta y narrador. Estudiante de Letras mención Literatura Hispanoamericana y Venezolana de la Universidad de Los Andes. Fundador del grupo de reflexión poética Arovertiente y editor de la ya desaparecida revista de literatura contemporánea “Excé, excé, excé”. Ha publicado poemas, manifiestos, cuentos y artículos en revistas y periódicos regionales. Dirigió una columna sobre poesía venezolana en el Diario Frontera llamada “Columna de humo”. Dirigió el programa de radio El tufo del bardo (Ecos 93.9 FM), dedicado a la literatura, la antipsiquiatría y el jazz.  En el 2008 recibió la 1era mención del Premio DAES de literatura en la modalidad cuento. Ese mismo año publicó su primer texto poético, una plaquette intitulada El museo de los abortos.  Un año después resultó ganador del Premio DAES de literatura en la modalidad cuento. Poemas suyos se encuentran incluidos en algunas antologías, como en la antología del 5to y 6to Festival Mundial de Poesía, Deleite literario III (2007)de autores jóvenes venezolanos, y  Doce orugas en el viento: Antología de la novísima poesía merideña (2007).

Actualmente tiene un poemario en imprenta titulado Transparencial, y a partir de la presente fecha colaborará en nuestro suplemento literario con su columna “La realidad circundante”, inspirada en un cuento de La tiendas de muñecos de Julio Garmendia, donde se apreciará la creación literaria de Arella y temas de ciencia-ficción venezolana y latinoamericana. “El mueble” es un cuento de su autoría.






El mueble
Imaginé este corto cinematográfico mudo: Un hombre como de 30 de edad, rostro inexpresivo casi cadavérico se encuentra en una habitación pequeña, viste un flus elegante, negro. La habitación sólo está habitada por una cama y una silla. Las paredes son de un color ocre pálido, el color del suelo es oscuro. La cama está revestida por un cubrecama viejo y amarillento (La cama es sencilla, de hierro como las de la cárcel). La silla, en dirección diagonal a la cama, se encuentra ubicada en el otro extremo de la habitación (la silla es muy sencilla, de madera, una silla tradicional). El hombre está sentado sobre la cama, recostado sobre su espaldar, mantiene un semblante inexpresivo y ausente. (Las causas del porqué se encuentra en esa habitación son desconocidas, y poco importan). El hombre se levanta de la cama y camina directo a la silla, donde se sienta. Desde la silla mira en dirección hacia la cama. Se pone de pie, arrastra la silla dos metros. Se levanta otra vez, la arrastra aún más, esta vez tres metros, acortando la distancia entre la silla y la cama. Llega un punto en que junta a la silla y a la cama para que conversen; las reune. Él se sienta en el piso y recostando el codo derecho sobre la cama, escucha la conversación sonriendo, con cara de niño, como un nieto que escucha fascinado una conversación entre sus abuelos sobre fantasmas y guerras. La atención del hombre a la conversación entre la silla y la mesa es impecable, no se quiere perder de nada, concentrado en cada detalle sonríe, exclama, se mueve, se pone serio, en una de esas le da una palmada cariñosa al espaldar de la silla, como si fuera la espalda de un hombre. Se queda dormido con la cabeza recostada sobre el filo de la cama. Pasados los 15 minutos se despierta. Agarra la silla y la acuesta sobre la cama, la arropa, las patas de la silla sobresalen de la sábana, las cubre; él sonríe. El hombre se dirige hacia el lugar donde se encontraba la silla en un principio, y contorsiona su cuerpo como si se sentara sobre una silla invisible. El hombre apenas respira. Alguien entra, verifica que todo está en orden dentro del cuarto, satisfecho apaga la luz y cierra la puerta muy despacio, cuidadoso de no despertar a nadie.  




 
Imágenes

Imagen 01 "Sillas Apiladas", 1998. Disponible en www.serrizomatico.blogia.com
Imagen 02 "Explosión de las sillas verdes", Oaxaca, México, 1991/ www.cartagena.es

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