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lunes, marzo 28, 2011

DEGUSTOS


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Por Ricardo Díaz Borregales.
Diseñador gráfico, narrador y poeta 

Mirada perdida. Cuerpo rígido ¿Alguna vez se han quedado observando a una persona en plena calle mientras ésta, cual zombi, lame un helado? ¡Asqueroso! No creerían todo lo que puede uno imaginarse con un cuadro semejante.
¿Lápiz sin punta? ¿Falta de sazón? Todos conocemos el tópico “sólo hay que mirar a nuestro alrededor para encontrar un tema que redactar”. Pero claro, no basta simplemente con describir el olor, el sabor y la textura de un helado para pretender tener al público/lector cautivado. Habría que condimentarlo muy bien: “…y la chica, después de degustar aquél exquisito postre, sintió como sus papilas gustativas, sus enzimas digestivas, y todas y cada una de las células que conformaban aquel rechoncho cuerpo, poco a poco se activaron”, y a partir de allí encausarnos hacia alguna trama sexual u otra cosa ¿Recuerdan aquél célebre diálogo entre Jhon Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction, “Royale with cheese”? ¿Palabrería sin sentido? Pues, esas líneas son hoy un referente obligado sobre conversaciones alimenticias en el séptimo arte ¡Especias, especias!
Sin duda ya se ha escrito un sinfín de relatos entorno a elegantes comensales, mesoneros enamoradizos y chefs nazis; otros habrán siquiera pensado en garabatear una palabra sobre temas “tan poco emocionantes y serios”. No a todos nos llama la atención la gastronomía romántica de una desdichada Tita (Como agua para chocolate, Laura Esquivel), o nos atrae el retorcido arte culinario practicado por el Dr. Lecter (Hannibal, Thomas Harris). Pero como dueños de nuestras propias cazuelas, siempre podremos intentar complacer al más exigente paladar con algún lomito apetitoso o un manjar mortífero tipo pez globo; podríamos incluso aderezarlo con giros y acciones inesperadas, como que el personaje se atragantase con una espina de pescado, o que en la vigésimo bocado le diera un infarto y se desplomara sobre un banana split, embadurnándose la cara con sirop o chispas de chocolate; “una manera muy dulce de morir” diría el eslogan ¿Realmente se puede degustar algo así? ¿Tragarlo? ¿Digerirlo? ¿El mejunje continuaría desabrido después de añadirle un kilo de sal? Recordemos que una selecta variedad de ingredientes, una pizca de imaginación, y una cocción a fuego lento, no siempre dan como resultado platillos interesantes. Pepto-Bismol por si acaso.

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