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Literatura y comunicación

jueves, marzo 11, 2010

Doce Haikús de Carlos Pérez Mujica

Una selección de Ednodio Quintero
Médico de profesión, nativo de La Independencia (Yaracuy) y graduado en la ULA, Carlos Pérez Mujica ha encontrado en el haikú la forma poética más apropiada a su sensibilidad. El haikú es un poema breve de origen japonés, compuesto por 17 sílabas, repartidas en tres versos de 5-7-5 sílabas respectivamente. Contiene, por lo general, una alusión a la estación del año. El haikú deriva del waka, poema breve pero un poco más extenso, y su prestigio se le debe a Matsuo Basho (1644-1694), poeta japonés que lo impregnó de un profundo sentido religioso derivado de su conocimiento del budismo zen. Issa Kobayashi (1763-1827) llevó al haikú a un esplendor inigualable.
Curiosamente este tipo de poesía, que pareciera ser ajena a otras culturas, ha encontrado eco en lengua castellana, habiendo sido cultivado con acierto por muchos poetas, entre los cuales podemos destacar a los mexicanos José Juan Tablada y Octavio Paz. Éste último se distinguió además por su contribución a la traducción del libro cumbre de Matsuo Basho: Sendas de Oku.
Ofrecemos a continuación una muestra de los haikús de Carlos Pérez Mujica, algunos de una rara belleza, tomados de su libro mínimo Asahi, El Alba, de reciente edición.



Primavera:
Una sonrisa
Feliz se balancea
Desde el columpio

Chicas y flores
En el parque… y un aroma
¿De qué flor vendrá?

Y saltó un pez
Destello de escamas
Bajo la luna

Verano:
Al atardecer
Se ve más negro el cuervo
De tu mirada

Por más que corras
Caballo, el viento siempre irá
Delante de ti

Al borde del mar
El viento de tanto sol
Huele a romero

Otoño:
Sentimentales
Las hojas con el rocío
Sueltan el llanto

Entre las nubes
Esconde su gordura
La luna llena

Sin ti noviembre
El año nunca sería
Tan colorido

Invierno:
Desata el viento
Mar de olas sin jinete
Ya desbocadas

En medio del frío
Sentada en la banca está
Quieta la nieve

No ha llegado…
Duele el frío del tiempo
Mientras espero

Foto: Ednodio Quintero

jueves, marzo 04, 2010

Sencillamente De palabra

De palabra
Revista de creación literaria e investigación
Ediluz. Maracaibo. 2008-2009. Año I y II. Nros. 1-2; 3-4
Por Jessica Labrador


La Escuela de Letras de la Universidad del Zulia viene impulsando desde 2008 un nuevo fruto académico: De palabra. Se trata de una revista semestral de creación literaria en casi todos los géneros (narrativa, poesía, ensayo y teatro) e investigación en el área de las humanidades, que hasta ahora cuenta con cuatro ediciones, 1-2 y 3-4, en dos publicaciones, 2008 y 2009. Su variedad temática deviene imágenes que van de lo pagano a lo religioso, del sueño a la realidad, de la realidad del sueño, de lo pedagógico a lo cultural y de éste a lo intercultural.  De palabra va dirigida a todo público, pero es un hecho que sólo podrá disfrutarla a plenitud, aquel que tenga un pacto con la ficción, con los reveses de la escritura o con “la expresiones de la realidad más íntima del ser”, la poesía, citando las palabras de su jefe editor, Carlos Ildemar Pérez, director de la Escuela de Letras.
I
Así, quien tome en sus manos las revistas y decida leerlas, apreciará las investigaciones del ensayista y editor Víctor Bravo sobre la génesis de la escritura, su sintaxis con la lectura y su poder desde las sociedades clásicas hasta la moderna. Investigaciones que desarrolla más ampliamente en su libro El nacimiento del lector y otros ensayos (2008).  Otras lecciones como las de Enrique Arenas y Laura Antillano ampliarán los medios necesarios para abordar la lectura, mientras que Steven Bermúdez explicará las emociones que genera la obra literaria y su determinación en el proceso cognitivo de ésta.
Otro tanto habrá que leer, por un lado, sobre las aleccionadoras investigaciones de la novela histórica con la orientación del ensayista Miguel Ángel Campos, y la novela como género humanístico de Graciela Maturo; ciertas nociones literarias en escritores latinoamericanos de la mano de Leisie Montiel Spluga y Camilo Balza, y la literatura en relación y distancia con algunos procesos históricos del país (desarrollados por Alicia Montero y Luis Guillermo) y el periodismo, bajo la perspectiva, esto último, de José Balza; si bien no pueden quedar sin mencionar los estudios lingüísticos de Luis Oquendo sobre lenguas indígenas y su cultura, así como “Género y lenguaje” de Mariluz Domínguez Torres.


II
Por otro lado, el lector encontrará historias de escritores noveles, estudiantes en este caso, que amplían la oferta literaria venezolana: la historia de un niño que odia los circos por considerarlos el mundo de los adultos (por Gabriela Semprún); la de un hombre cuya rutina diaria cambia cuando da muerte súbita a su esposa e hija (por Carlos Díaz), y la de un escritor que se niega a escribir, pero que termina sucumbiendo a la necesidad de su alter ego (Douglas López). La oferta seguirá siendo vasta al adentrarse a los imaginarios de César Chirinos, Jesús Medina, Santander Cabrera y Ramón Elías Pérez. El primero con la historia de Federico Reynoso quien, guiado por el esoterismo, instaura un santuario para padre-hijo en su pueblo; el segundo contará la historia de una mujer que al no poder perder la virginidad, se convierte en una monja que tras su muerte les concede milagros a las mujeres de su pueblo, mientras que Ramón Elías Pérez nos hará reír con las peripecias de Adelfo para sentirse un hombre más joven.
Finalmente, en poesía, es imprescindible leer el texto de Luis Alberto Crespo sobre los sentidos que despierta la poesía y cómo nos permiten acceder al conocimiento, y bajo una temática casi similar, la del profesor Hesnor Rivera (1928-2000) de la Universidad del Zulia. No faltarán en esta sección los cantos a la vida, a la muerte, al amor, al odio, al miedo, a la persecución y a la trascendencia, de algunos bachilleres de esta Universidad, ni tampoco los estudios de sintaxis poética de Carlos Ildemar Pérez.
 De palabra: voz del ser, verbo de la creación, lenguaje literario y compromiso humano, pues no solo apuesta a cultivar las letras desde distintas estructuras y perspectivas, sino que también incentiva la participación de profesionales, escritores de todo el país, estudiantes de humanidades y de otras áreas del pensamiento. Sólo hay dos opciones ante ella: leerla y participar.
III
Cómo participar. De palabra sólo acepta trabajos inéditos, pueden ser enviados en attachement a la dirección electrónica ildemarpe@hotmail.com. La extensión máxima es de 15 páginas para artículos y ensayos; 10 páginas para trabajos de creación y 4 para reseñas. Deberán ser escritos en papel tamaño carta, a doble espacio, en fuente Times New Roman, tamaño 12.

jueves, febrero 25, 2010

Los cien mil amaneceres de Douglas Uzcátegui


Douglas Uzcátegui nació en Santo Domingo, Mérida, y varias pasiones evidentes tiene en su vida: la cocina, la poesía y el ensayo. La primera en su restaurant 150 pizzas, mientras que las otras dos en sus libros Extraña poesía (1996), Historia de un momento y otros poemas de Abril (1998), Selvanías (1999), Entre el cielo y la tierra (2000), Raigambre. Luz de hojas (2009), entre otros. Los tres han sido espacios de encuentros propicios para conocer y poder proyectar hoy desde “El Club de la Serpiente”, parte de su obra Selvanías y Raigambre, donde su poética se sustenta en el infinito y la naturaleza.




Sin Apoyos
(Selvanías)
Hogar, eres tan pequeño como el jardín que había plantado
en la montaña;
un confidente abierto a las planicies del cielo
donde las gacelas espantan al descuido abigarrado
en el asombro.


Más allá de tus puertas el silencio juega a detener
las murmuraciones del arroyo,
y la luz recogida durante milenios
bajo las piedras del desierto,
entre las otras de la espesura,
tras las cortinas de la niebla,
se arremolina y fluye hasta las venas del envés
salta y se agarra a las puntas de la hierba
danza en cada prima encendido por la tibieza
dentro de la escarcha.


Vienen en camino cien mil amaneceres
y mientras avanzo hacia su encuentro
me sumerjo en la inmensa boca que se abre desde el este,
discurro por la garganta del valle
y caigo rápidamente en el estómago del mediodía.


Soy el bocado de un Dios que se alimenta de sueños,
que corre al borde de la vida
para ocultarse entre la gente


y cuando la marea baja me descubre durmiendo
tratando de aprender a soñar bajo la fugaz seguridad
para poder también alimentarse solamente de sueños.






Andariego
(Raigambre)


Caminé durante siglos
por todos los caminos cerrados de vegetación
y aguas desbocadas.


Caminé dormido
y mientras pisaba el espejo limpio de polvo y hierbas
sentí que el espíritu del valle destejía mi piel
para confeccionarle suelo a las estrellas.


Qué vi entonces que no cupiese en el cuerpo
que con tus recuerdos se hizo para la imaginación.


Levanté piedras en busca de palabras
y hallé peces huidizos larvas cristalinas
algas escondidas.


Llueve escampa moja seca camina
se borra lo que sirve y lo que no
al dar la vuelta trastornando el pasado
que es el mismo futuro al revés
reencontrándome lejos otrora cerca de alguien
sin saber qué decir
con el paraguas de las emociones abierto dentro y fuera
donde más resulta incómodo entrar…


Me aguardas Amor como escondido tras la puerta
me sorprendes en el acto
para menearme el corazón como a un trío de maracas
y ponérmelas luego…
para que griten de placer en mi garganta.


Grita en nombre del silencio que habita
detona la música que chispea en el barbullar de un ave
toma la regalada primavera por sus hojas
por sus ramales tostados
por las chispas de las sombras sobre los montes
en los oquedales.


Veo que fue allí donde aprendí a caminar durante siglos
donde he caminado incluso dormido
visitando parajes que son campos de libertad
espacios en los que se aprende a jugar con el olvido.


¿Qué he encontrado?
almas como peces en busca de palabras
historias soleadas descendiendo como ríos por las montañas
ojos desposeídos vueltos cataratas
soles durante la noche luna por la mañana.


Habla que vuela
se olvida de rimar
por los caminos que otros han llenado de flores
rehaciendo sendas despepitando roles
cuesta arriba camina corre vuela descuelga
se impresiona se absorbe con la niebla
entra en la fuerza que le saca que le espeja
sale otra vez para ver el amanecer afuera.



Imágenes: Douglas Uzcátegui